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Ser más fuerte que el sufrimiento: la Resiliencia del Gigante23 min read

La vida no es cuestión de tener buenas cartas, sino de jugar bien con una mano pobre
Robert Louis Stevenson
(1850-1894) Novelista, Poeta y Ensayista británico

Cuando todo parezca ir contra ti, recuerda que el avión despega contra el viento, no a favor de él
Henry Ford
(1863-1947) Ingeniero, Inventor y Empresario estadounidense

La vida puede ser en ocasiones horrendamente injusta cobrándonos hasta la última consecuencia. Lo cierto es que puede, con mayor o menor conciencia, hacernos caer hasta un punto de no retorno y ensañarse con nosotros sin misericordia no dejando ni la estela de lo que fuimos o creímos ser. Todos hemos o sufriremos algún dolor que nos haga replantearnos quiénes somos y nuestra tolerancia al sufrimiento.

En términos claros, llamamos resiliencia a aquella capacidad que se desarrolla en la adversidad en donde el sufrimiento se convierte en fuerza motora para seguir adelante. En términos más simples aún: la resiliencia es iniciar un nuevo desarrollo luego de un trauma.

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La resiliencia es un tema importante porque es un tema de vida o muerte, literalmente

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Las características de una persona resiliente dependerán de la perspectiva y percepción con la cual entienda la vida, puesto que será “más o menos” resiliente en función de la construcción de la realidad que tengamos. Veámoslo de este modo: si hemos recibido improntas adversas a lo largo de nuestra vida, pero las visualizamos y entendemos como si fueran pruebas en lugar de castigos nos podremos fortalecer de ellas y terminaremos, por voluntad, afrontando mejor las dificultades venideras. En conclusión, si alguien encontrándose traumatizado por algún asunto luego de una desgracia consigue sobreponerse e iniciar un nuevo desarrollo estaremos hablando de alguien resiliente. Ser resiliente implica, entonces, una clara disposición individual a sanar; pero, a un mismo tiempo, se hace urgente poder reflexionar concienzudamente sobre el entorno previo al trauma, así como el entorno después del trauma.
Existen condiciones suficientes que se hacen necesarias para desarrollar resiliencia frente a acontecimientos adversos, estas serán: el proceso de segurización, la recuperación integral, las relaciones humanas y el influjo de la cultura. 

Una cultura de ritmos: la seguridad

Si tu barco no viene a salvarte, nada hacia él para encontrarlo
Jonathan Winters
(1925-2013) Actor y Presentador de Televisión estadounidense

Cuando todo parezca ir en contra tuyo, recuerda que el avión despega contra el viento, no a favor de él
Henry Ford
(1863-1947) Ingeniero, Inventor y Empresario estadounidense

Segurizar es crear apego.
Sin apego no podríamos familiarizarnos con las personas ni identificarnos con quien somos. De no contar con el apego, todo aquello que desconocemos y percibimos como extraño representaría una amenaza latente creando duda y desconfianza, pero, sobre todo, miedo. Debemos, entonces, autosegurizarnos por medio del apego.

Habitualmente se tiende a confundir los conceptos de apego y amor. Si bien, los límites entre ambas son sutiles, sobre todo desde el plano sentimental, resulta pertinente hacer la distinción.

El amor, es un sentimiento que nos eleva desde donde estamos: es motor de lo imposible. El amor es ardor flamante y fiebre, ideal supremo y sentimiento desmedido; por consiguiente, se encuentra separado de la realidad. Por otro lado, el apego es un tejido cotidiano que se entreteje repetidamente con cada gesto, símbolo o acción por más mínima que sea.

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El apego se teje cada día anclándose a la realidad y manifestándose en la forma de hablar, de comer, de sonreír e incluso en la forma en “cómo” hacemos notar a otro cuando nos enojamos o alegramos. Por lo tanto, el apego se significa y toma cuerpo en la cotidianidad construyendo cotidianidad

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En los niños se ilustra con mayor alcance esto último, pues el niño se seguriza en tanto más interacciones mantiene con las personas a su alrededor.
“Sé cómo (modo/manera) hablar con mi mamá o papá; sé qué quiere decir que me hablen con un tono determinado o qué quiere decir ese gesto realmente, etc. Por lo tanto, conozco los comportamientos y eso me hace tener una idea general de interacción con esas personas. Así, el niño en su primera etapa aprende a hacer y a comprender configuraciones sistémicas que le otorgarán sentido a las acciones que ejecutan los demás y que más tarde por cuenta propia el niño realizará. De este modo es cómo el entorno juega un papel notable en el desarrollo de los niños, puesto que, si existe un entorno que refuerce el espíritu positivo y la autocrítica constructiva, aun existiendo alguna adversidad, será por medio del ejemplo y la reflexión a la que el niño se arrimará cuando las cosas no vayan según lo esperado, teniendo así, una idea amplia de lo que le acontece, sabiendo (o en apariencia intuyendo) cómo gestionarla favorablemente echando mano a las herramientas y/o experiencias previas.
La seguridad será ese vínculo que se crea y experimenta diariamente, comida a comida, conversación a conversación, mirada a mirada…
En adultos no ocurre algo muy distinto.

Si bien la resiliencia es una habilidad que se origina en la infancia, no es exclusiva de esta etapa pues se significa, construye y fortalece a medida que vamos creciendo. La resiliencia resulta ser parte de un proceso mucho más complejo que se activa con las dificultades y que encuentra forma en la permanente ejecución que hagamos de ella durante toda la vida. Por lo que un adulto, indistintamente su edad, puede mejorar su resiliencia. 

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La familiaridad es importante porque proporciona ese apego que brinda seguridad y robustece el control que tendremos más tarde frente a las situaciones

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Traumatismo vital: una mirada del padecimiento desde la ciencia

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Si alguien ha sido vulnerabilizado durante su desarrollo aquella vulnerabilidad tendrá la potencialidad de convertirse en una herida, y si la herida con el paso del tiempo y de los eventos se hace más grande está podría llegar a convertirse en un trauma. Existen muchas cosas que pueden llegar a convertirse en trauma, por ejemplo: una mudanza, desastrosos eventos sociales, el bullying reiterado hacia una persona (el cual sabemos conlleva el desgarro de los cimientos de su autoestima), el cúmulo de críticas malintencionadas antes de llevar a cabo un proceso, etc. Ahora bien, es necesario entender que, si se ha reforzado previamente a aquella persona durante su desarrollo habrá menos posibilidades de traumatismo. Hay personas que han sido vulnerabilizadas desde la cuna, otra que, conforme pasa el tiempo se han visto impedidas de afrontar sucesos claves en su vida por haber estado expuestas a la precariedad social, a la violencia familiar o conyugal o incluso a padecer terriblemente y no haber podido nunca expresar satisfactoria y/o genuinamente ese sufrimiento. ¿Te has sentido en alguna ocasión siendo un actor de tus propios sentimientos?

Definitivamente no hay vara única que pueda medir un trauma con otro porque el grado de sufrimiento es subjetivo. Es de este modo, como hay personas que sufren adversidades horrendas y que así con todo, no sufren estrés post traumático y que lo sobrellevan en una suerte de recuperación gradual sin desarrollo aparente de patología. Todos somos distintos.

Hoy en día gracias a la neuroimagen podemos constatar que el trauma puede ser visto por medio de imágenes cerebrales que evidencian cómo se comporta el cerebro frente a un trauma: el cerebro durante un trauma “se apaga” funcionando con desperfectos, paralizando mecanismos cerebrales encargados de la reestructuración, estas fallas pueden llegar a desarrollar un Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) Se sabe que el trauma provoca que el cerebro se ralentice al punto de no responder eficientemente mostrando colores opacos como el azul, el verde o el gris; muy distinto a lo que sucede con un cerebro sin trauma cuyos colores presentan una predominancia de colores brillantes como el rojo o el amarillo que se desplazan por todas las regiones del cerebro. Hablar de un trauma es como hablar de un blackout, un apagón o bloqueo, el “irse a negro” pues restringe el paso de luz y por tanto de acción. En suma, el refuerzo que hagamos de nuestro cerebro durante nuestro desarrollo hará la diferencia frente a un suceso traumático; mientras más refuerzo exista más preparado se estará. Por el contrario, mientras menos recursos tengamos más frágiles y vulnerables seremos.

Buda Gautama decía que “el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”, expresión, sin duda, colmada de sabiduría. He de ahí entonces la disposición y amor propio que surge tras un imprevisto o sufrimiento. 
Todos los mamíferos sentimos el dolor de la misma manera: como un trayecto que se origina en el lugar del golpe, quemadura o corte y que se une con la médula espinal continuando con la base del cerebro para luego llegar al cortex y percibir la sensación de dolor. Sin embargo, lo interesante es que el sufrimiento es algo que no se siente de la misma forma ni por las mismas razones. El sufrimiento es opcional porque es subjetivo. Los seres humanos vivimos en un mundo de sentido, pues de esa manera, por medio de los sueños y esperanzas significamos las fuerzas vertidas en aquello que hacemos diariamente. Le ponemos nombre al futuro, deseamos cosas materiales e inmateriales y circunscribimos el pasado de lo vivido con lo bueno y lo malo superando lo que en su momento nos dañó con tal de renovar la dirección de nuestro camino por medio de la resiliencia. La resiliencia procura que al recibir un golpe tengamos la disposición y recursos suficientes de manera tal que podamos tener la posibilidad de modificar ese sufrimiento. No obstante, para poder modificar ese sufrimiento, es necesario entenderlo, padecerlo y no evadirnos de lo que sentimos no haciéndonos cargo, porque eso tarde o temprano irá en perjuicio de nosotros y de quienes nos rodean.

El altruismo como un sistema de evolución empática

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El altruismo enriquece a quien da y a quien recibe

Es natural que tras vivido un suceso que nos daña profundamente nos volvamos menos receptivos por no querer continuar sufriendo y adoptemos una coraza que nos hace estar a la defensiva. Ocurre esto porque necesitamos urgentemente defendernos ante la mínima posibilidad de ataque. Sin embargo, a medida que el trauma comienza a flaquear, en ciertos casos, irrumpe misteriosamente un sentimiento de altruismo que nos permite entibiar las zonas averiadas. El altruismo, adjetivo nominal para quien “va en ayuda de los demás sin esperar retribución a cambio”, es una conducta y/o actitud común y casi esperable de quienes han sentido en carne propia el sufrimiento exacerbado y el padecimiento continuo. El altruismo es un mecanismo de legítima defensa para combatir el dolor disminuyendo las vulnerabilidades.

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El altruismo debe ser concebido como un sistema en constante evolución que va moldeándose con los requerimientos y exigencias del entorno. La empatía hace su parte invitándonos a descentralizarnos de nosotros mismos para representar el mundo de otro

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La empatía requiere de un esfuerzo social en cuanto supone la interacción con los demás propiciando que, de esa manera, por medio de la interacción y la disposición aprendamos sobre el placer de descubrir el mundo mental de los demás, sus creencias y religiones, sus anhelos y temores, su cultura y sus costumbres.

Si en la infancia, un niño privado de demostraciones afectivas o víctima de aislamiento sensorial, de no contar con alguien cerca que sirva de estimulo y refuerzo emocional será muy difícil que este llegue a desarrollar la empatía. Esto ocurrirá por no contar con la idea de “diferencia” que le permita conocer e interesarse por el mundo de otro, ya que teniéndose a sí mismo, sólo se terminará balanceándose, volviéndose opaco socialmente, incluso pudiendo manifestar episodios en los que se autoinflinja daño o hiera su autoestima. Sin alteridad, compensará su vacío o deficiencia con su propia alteridad. Por el contrario, si se crea “con” él, una pedagogía de la empatía que logre segurizarlo al tiempo que se abre a conocer a otro podrá generar la capacidad empática ocasionando que pueda, incluso, ir en ayuda de quienes lo necesitan. 

La representación de lo real: el sostén social

Es sabido que un trauma considera un sufrimiento profundo y una parálisis importante, sin embargo, si estamos rodeados de apoyo junto a la posibilidad certera de reflexionar y comprender lo ocurrido podremos alivianar el peso de nuestros hombros. Sufrir en lo real es una cosa, pero sufrir en la representación de lo real, es otra. Somos apariencia y representación y somos acciones que se reflejan en lo real como una extensión de nosotros mismos. Lo cierto es que, si reflexionamos, aceptamos y buscamos la forma de reivindicar a futuro nuestra realidad comprendiendo la naturaleza de nuestro trauma sufriremos en lo real, pero dejaremos de sufrir en la representación de lo real. El trauma se presenta como una dificultad de tipo incapacitante, pero no es constituyente para con la identidad de una persona porque un trauma no tiene porqué ser definitorio. Es posible salir de un estado para entrar en otro, pues, a decir verdad, el trauma no opera con un valor distinto. Esa representación de lo real responde a cómo deseamos ser vistos estando cerca de otras personas. Aquella impresión que damos puede ser beneficiosa, siempre y cuando seamos conscientes de agradar a los demás sin descuidarnos.

Tomemos como ejemplo el siguiente video

Reproducir vídeo

Por otra parte, el sostén social no es una opción, ya que somos integrantes de una comunidad interdependiente que se potencia en conjunto. Sin embargo, si el entorno no es auspicioso y asimismo por apatía nos quedamos solos, nos hundiremos sin posibilidad de cambiar lo que pensamos o sentimos. Es importante contar con los demás incluso a nivel fisiológico porque cuando estamos profundamente dañados y nuestro estado radica en un estrés intenso y prolongado, el exceso exacerbado de cortisol y catecolaminas afectarán gravemente nuestra salud tanto física como psicológica al crearnos amenazas que posiblemente no existan. El sostén social es un catalizador que ayuda a mejorar nuestro ánimo porque ayuda a la distracción, pero también a percibirnos a través de los ojos de los demás cuando los nuestros se encuentran mutilados por la angustia, el desgano y la vergüenza. De este modo, confiar en una persona, sea esta de tu familia, esposa, esposo, psicólogo, pareja o amigo permite que redireccionemos nuestra mirada desde un optimismo lógico que no somos capaces de generar por nuestra cuenta. La risa es una válvula que debe ser tratada con mayor detención. Cuando nos reímos de lo que sucedió, e incluso podemos contarlo sin sentir el mismo grado de sufrimiento y vergüenza, sino todo lo contrario, relatamos la vivencia sin la culpa del sobreviviente sino más bien con la entereza del héroe, sin darnos cuenta estaremos saliendo a flote y recomponiéndonos. Muchas veces la risa es esa válvula que nos ayuda a recobrar el juicio.

El influjo de la esperanza: interviniendo en el medio que nos afecta

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No sobrevive la especie más fuerte, ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio
Charles Darwin
(1809-1882) Científico Naturalista británico

 

El roble luchó contra el viento y se rompió, el sauce se dobló cuando debió y sobrevivió
Robert Jordan
(1948-2007) Escritor y Crítico estadounidense

Resulta natural que queramos comprender qué es lo que nos ha ocurrido luego de un evento traumático y cabemos y hurguemos incansables hasta el punto de mortificarnos repulsivamente. El mundo está colmado de injusticias, y, es más, este artículo comienza tajantemente con esa idea, pero debemos también reconocer que muchos de los problemas que pueden conllevar a traumas son productos de malas decisiones. Indistintamente y por las razones que sean lo cierto es que el sentimiento de justicia (justificada o no) debe ser canalizado desde un “para qué” como fin práctico más que visto circularmente desde un “por qué” el cual muchas veces busque exclusivamente ensanchar la angustia y desesperación. Existe un punto en el cual ya no sirve preguntarse lastimeramente “¿por qué estoy así?, ¿por qué no me defendí? O ¿por qué nadie me defendió?, puesto que agravamos el sufrimiento dirigiéndonos irremediablemente hacia la depresión.

Ver un evento traumático como un tropiezo más que una oportunidad de remendar nuestros pasos y reivindicar el futuro es un total desacierto que nos priva de ver el panorama completo. Cada vez que algo nos golpea decidimos de modo consciente o inconsciente hacer frente a lo ocurrido o huir cobardemente.

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Hacer frente a un problema es saber que el camino a ratos irá cuesta arriba porque implicará remover, sacar afuera: soltar la mochila o aceptar su carga, pero hacerse cargo finalmente. En caso contrario, huir, no sería más que ceder a la pérdida de nuestra integridad y, sobre todo, a la pérdida de nuestro potencial viviendo con vergüenza haciendo del trauma un monstruo que nunca llegaremos a domar.

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Te damos 8 tips indispensables para mejorar tu resiliencia

Una buena mitad del arte de vivir es la resiliencia.
Alain de Botton
(1969-) Escritor y Filósofo suizo

1.- Tiempo para reflexionar

Reflexionar definitivamente no es una opción, es imperativo. Muchas respuestas a nuestros patrones de comportamiento y a las visiones que tenemos del mundo se dan cuando somos capaces de alejarnos del ruido y la muchedumbre, es por esto que, en un empeño no menor de honestidad y amor propio debemos procurar abrirnos sin ser juiciosos ni dañinos, sino conciliadores y proactivos. Utilizar esas energías y tiempo aporta un mejor y mayor conocimiento sobre quienes somos y de nuestras emociones y sensibilidades. De esa manera podremos flexibilizar nuestra forma de pensar lo que acontece y cómo nos comportaremos más tarde.

2.- Cuidar de uno mismo

Cada vez que cuidamos de nosotros mismos, ya sea seleccionando el entorno y las personas que lo componen, nos convertiremos en personas más autosuficientes. Esto incluye que seamos más precavidos lidiando  con menos problemas y malentendidos a la larga. Cuidar de nosotros mismos es volcar nuestras energías para cultivar una visión positiva y edificante que nos haga ver un rayo de luz por más oscuro que se torne un problema o circunstancia. Sal a caminar, realiza actividad física o cosas que te hagan disfrutar hará que tu cabeza no se enfoque en el problema y puedas

3.- Aceptar el cambio

Cuando aceptamos el cambio estamos más cerca a aceptar las oportunidades de la vida. Esto se emparenta mucho con los dos puntos anteriores, sin embargo, tiene que ver con la disposición activa y optimista a cambiar. Muchas personas temen a salir de su zona de confort sólo porque es aquello que conocen, aún sabiendo los beneficios que “cambiar” traerá consigo, como dejar una relación tóxica o cambiar de trabajo por uno con mejores condiciones laborales, etc. No obstante, no pueden tomar la decisión por miedo o comodidad y eso repercute terriblemente en su forma de visualizar el futuro. Salir de la zona de confort tiene la ventaja de accionar mecanismos que desafían nuestra inteligencia emocional e intelectual haciendo que utilicemos los recursos con los cuales contamos. Eso crea confianza. Aprender a interpretar los acontecimientos sirve no sólo para recomponerse tras una pérdida o hecho traumático, sino también, para poder progresar eficazmente y con mayor grado de satisfacción y libertad.

4.- Pedir ayuda

Frecuentemente creemos que pedir ayuda o saberse necesitado es motivo de vergüenza. Pedir ayuda conlleva un alto sentido de humildad. Cuando hablamos de un hecho traumático o quizá, de una persona que ha pasado por un mal momento y está sufriendo el soporte o red social se vuelve algo imprescindible para avanzar. Muchas personas tienden a creer que pedir ayuda es una muestra enorme para los demás de insuficiencia y vulnerabilidad, porque terminarán siendo acreedores de una deuda moral con la otra persona. En ocasiones, sinceramente, no somos capaces de sobrellevar el peso y debemos dejar nuestra soberbia y orgullo los cuales poco aportan. Sobreponerse a una adversidad comienza con saberse fuerte y en algunos momentos no somos tan fuertes como nos gustaría. Debemos hacernos cargo de nuestra condición y pedir ayuda si es necesario. Usualmente creemos que cuando alguien recurre a nosotros es únicamente por dinero (existen casos y de ser así, siempre deben ser evaluados particularmente) sin embargo, hay muchas personas que se sienten solas y lo único que necesitan es un empujón que les permita salir de donde están: salir con ellos a dar una vuelta, interactuar con más personas puede llegar a ser algo tan terapéutico como valioso. Desarrollar la compasión y la empatía ayudará grandemente a la flexibilización. Si alguien que estimas estuviese en problemas y tu pudieses ayudarlo o ayudarla en algo que no te tomará más que unos breves minutos, en una llamada o un mensaje, por ejemplo, ¿no lo harías? ¿Te gustaría ser lo suficientemente valioso para otra persona que sabiéndote mal se tomara 10 minutos en enviarte un mensaje de texto?

5.- Soltar la mochila de la culpa

Hay tiempo para meditar y tiempo para soltar la mochila, de esa manera podemos enfocarnos en nuevos desafíos y satisfacciones que vendrán. Es verdad que ciertas decisiones atienden a nuestra capacidad consciente de tomarlas u omitirlas, pero una vez que el problema ocurrió y que ya no queda más que sanar, la culpa no fomenta una mejoría más rápido en nuestra situación. Apesadumbrarse contantemente sólo ocasiona que la pena o frustración se incrementen sacándonos de foco y haciéndonos perder energía. Siempre en Nuevo Gigante hablaremos sobre la energía, porque, aunque podamos ir renovándola, la energía es un bien que muchas veces escasea y debemos canalizar inteligentemente. Enfocarla en la culpa, no lo es, porque no hace otra cosa que privarnos de ir hacia adelante, meditando con porfía en el pasado. 

6.- Ser los protagonistas de nuestra historia.

Cuando un evento desafortunado nos pasa por encima, es natural sentir que somos víctimas de las circunstancias, ya que perdemos control frente a nuestras acciones. Sin embargo, soltar la mochila debe llevarnos a poder reescribir nuestra propia historia, sabiendo que no todo podemos preverlo y aun cuando eso suceda, no dejar que la circunstancia nos defina. Somos más que el problema muchas veces y tan sólo nos falta la confianza en nosotros para encausarnos nuevamente, sufrir el tiempo que debemos y continuar con nuestra vida, reescribiendo las páginas de nuestra vida. Somos héroes, gigantes de nuestra historia y como todo peregrinaje, el camino de un héroe no se encuentra desprovisto de dificultades.

7.- No hay héroe sin perseverancia

El tesón que imprimimos en las cosas que hacemos debe ser el motor frente a aquello que nos causa temor. Cuando estamos mal, tememos dar otro paso por miedo a seguir cayendo y empeorar la situación, pero resulta que, si reflexionamos animosamente y evaluamos lo vivido, sólo nos queda movernos hacia un futuro más próspero y alegre. Ser perseverantes implica saber que podremos caer, pero que nuestros motivos para levantarnos son mayores que nuestro ánimo que a ratos flaquea. Decidamos a no ignorar los problemas, porque no por ignorarlos más desaparecerán antes. Centrémonos en las metas diarias y en la dirección de nuestros pasos y la esperanza y voluntad nos impulsarán acercándonos cada vez más a nuestras metas.

8.- Conectar con nuestra espiritualidad cambiando nuestra filosofía de vida

La esperanza es aquello que nos permite ver luz entre las sombras y en el tránsito de la vida contar con ella no es una opción, sino una obligación a la cual abrazarnos desesperadamente, día tras día. Somos más que cuerpo, somos espíritu: si alguien nos daña sufrimos, si alguien nos brinda atención nos alegramos. Conectar con nuestra espiritualidad es otra forma de cuidarnos y resignificar lo que somos. Conectar desde un plano que nos excede es hacemos más fuertes desde adentro curando heridas, cerrando cicatrices. La meditación es un camino que puede, sin duda, ayudarnos a encontrar la paz y aceptación que tanto necesitamos.
Te animamos a darte una vuelta por nuestra sección de Mindfulness. En ella, contamos con clases guiadas que te serán de mucha ayuda para afrontar tu proceso de sanación, así como para que aprendas a lidiar con el estrés diario en todas sus formas.

La resiliencia permite que podamos reinventarnos, porque nos insta a sobreponernos frente a las dificultades dando lo mejor de nosotros. En el proceso vamos siendo acreedores de un conocimiento que antes no teníamos y que nos ayuda a bosquejar un futuro más feliz y productivo. Es, por medio de la resiliencia, que entrenamos la capacidad de flexibilizar nuestra visión de mundo fortaleciendo nuestras habilidades intrapersonales e interpersonales.  

Seamos, aquel gigante que como héroe se vuelve cada día más grande por decisión propia y que resurge de entre las cenizas renovándose con más fuerza.

Todos llevamos un fénix en nuestro interior que espera con las alas abiertas a que lo dejemos salir.

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