Manifiesto del Gigante

El cerebro piensa en palabras e imágenes: mecanismos distintos en agudeza y representación. Nuestra mente trabaja en la creación de nuestra realidad. Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado.

Nuestros pensamientos son el eco de lo que alguna vez escuchamos, leímos y vimos, en oposición o en justo acuerdo.Hay ecos de pasmosa inseguridad y ecos de indispensable socorro. Nuestras creencias determinan nuestras acciones.
Entendamos el alcance de estas para que, al modificarlas, nuestras acciones también lo hagan.

Somos aquello que pensamos repetidamente.
De ahí la urgencia en reprogramar la mente.

Las convenciones culturales son fruto de paradigmas más o menos actualizados sobre aspectos más o menos contingentes. Los periodos de latencia son importantes en tanto no se malcríen como tónica constante entre la enfermedad y el síntoma.
Paralizarnos es la consecuencia de una prolongada latencia.

Cuestionemos a diario el valor de nuestros métodos con tal de conseguir lo que realmente necesitamos. Cuando sepamos que el método es fructífero mirémoslo con resguardo y cautela.
El sigilo no es lo mismo que el recelo.

Termina lo que empiezas.
Siempre.
No se puede tranzar en esto.

Creer y crear son dedos de la misma mano: acciones que entrañan el fundamento de todo lo que hagamos. La asertividad de nuestros gestos, palabras u omisiones nunca es circunstancial ni azarosa. La primera afirmación sobreviene sin preverla ni gobernarla.

La prioridad natural: crecer. La segunda, desarrollarse.
Ambas, ni por asomo, son lo mismo.

Entendamos que hacernos entender comienza con entendernos.
Ser hábil en algo procede del tiempo.
El talento de nada se aprovecha si no hay paciencia.

Somos, trasunta creación.
La vida se constituye de experiencias: aciertos y desconciertos. Ensayo y error, en suma.
El basamento del sistema que creamos, hacemos y predicamos ante las distracciones comienza con la experiencia y termina en el ejemplo.

Mientras dura el asombro, aprovecha el envión y funda la primera piedra.
Precisa, concreta rápido, porque tiempo hay poco y suaviza los deseos.
Nada se concreta hasta que sitúas la bandera.
La faena no termina hasta que la bandera reposa en la piedra.
Forja la bandera.
Eso te recompondrá el aliento
No hay bandera sin piedra y piedra sin paciencia.
Cuélgate del asombro.
Forja ahora la piedra.
Ahora cuélgate de esa bandera hasta el último aliento.

La perfectibilidad humana es un deber.
Obra como quieras siempre que no vayas en perjuicio ajeno.

Aprende sin miedo porque el único miedo posible es la ignorancia.
Haz algo útil con el miedo.
Escribe con el mundo en la mano.

Los objetivos se trabajan orgánicamente. El objetivo es una idea que está en proceso.
Una idea comienza con migajas que relucen entre el barro y la sombra.
Los objetivos llegan solos, siempre y cuando embellezcas la piedra.

Lo imposible es solo una convención que nos remarca la estática permanencia frente a un determinado fenómeno. Tenue nube.
La visión de mundo es siempre personal.
Unipersonal es pensar en la convención como reducto útil para explicarle tu visión del mundo a otro.
Disipando su nube. Solo eso.

No sirve la vida ni los respiros sin vivir enamorado.
Enamórate de lo que sea, pero sé capaz de argumentarlo desde el pecho y desde el seso.
La pasión es el efecto y cuando la vida cueste, el efecto te hará recordar la causa de esos suspiros. La disposición y la humildad deben ser el bastión detrás de toda idea.

Sé el prolífico detective de tu historia. Siempre hay historia.
Hurga, remueve inmisericorde como perro entre las sobras.
Entre las ruinas encontrarás la piedra.

La vida es un cuadro pintado a tientas en un lienzo dentro de otros lienzos que no te pertenecen.  Por eso, desvívete. Sé tu mismo el artífice y el trazo.

Aprender duele.
Aprende lo que más puedas. Aprende de quien menos lo esperes.
La espada a golpes abrasa la fortaleza.

Reacomoda los bloques. Mientras antes se entienda el peligro, más rápido será sanarlo.

Las puertas cerradas se abren con nostalgia en memoria de las que siguen abiertas.
Cuando aflojen las fuerzas y el fracaso te anule, evoca victorias pasadas. En algún punto el letargo se trocará en acción.
Y, si, así y todo, no se abre, echa abajo la puerta.

Las palabras son un bucle puesto en abismo. Mal utilizadas serán yerma y vergüenza todos tus días.
Bien habidas nos incita e incita a otros a ser o no hacer.

Tú, Gigante, eres piedra, mástil, martillo y bandera.

Reinventa el tiempo que tomas para percibirte
Rectifica.  Corrige. Si no lo consigues pese a los esfuerzos, renueva el lente por el cual miras.
Y si con todo, no resulta, cambia el mundo que te define
Echa por tierra lo que no sirve
Define un lente a tu medida que defina al mundo que miras.